lunes, mayo 19, 2008

Herman Miller Eames chair and ottoman

He empezado a escribir como los relatillos de Negerfluss, tranquilo que todo volverá a su debido cauce

Al acabar de cenar Emily se había olvidado del gato, si te preguntas como pudo olvidarse de un asunto tan peliagudo tan pronto, te diré que fue ese preciso momento que su madre, Oona le propuso sus planes. Oona temía causarle inconveniencias a Emily pero debían mudarse a la ciudad. ¿Por qué? Se sorprendió Emily por la rapidez de su reacción, normalmente se habría ido a la cama y se habría pasado dos horas sin poder dormir pensando, hasta caer rendida, soñar con ello, despertarse dos horas antes de la hora normal, y seguir pensando en lo mismo.


Eso es al menos lo que había pasado estos dos meses, y al final lo había solucionado durmiendo en la habitación de Olimpia dónde se quedaba dormida mirando el cuadro de la marina. Las ventanas daban al este y en la habitación entraba la luz azulada de la mañana antes casi incluso que hubiera salido el sol. En la cama de Olimpia no soñaba, y no le hacía falta pensar. Cuando su madre le hubiera despertado para desayunar Emily le habría contado sus preocupaciones, las cuales eran pacientemente desterradas por Oona. Pero no era ese el caso, esta vez no había tenido que pasar la noche en vela, sabía que no quería mudarse.
- ¿Por qué?
- No será mañana, pero vamos a tener que vender la casa y mudarnos a un piso.
- ¿y dónde vas a meter tus muebles?
- Qué remedio, los venderé.


Emily miró alrededor y suspiró, al menos no sería mañana, aunque fuera sólo porque había muchos trastos.


No fue enseguida, pero pronto empezó a desfilar el ejército de muebles hacia su destino desconocido. Primero fueron los que de verdad tenían dueños y que sólo habían pasado por la casa para darles un lavado de cara, o curarse de unos achaques. Luego se fueron los verdaderamente buenos y bonitos, como una mesa de té con incrustaciones de nácar y hueso que había sido la preferida de Oona. Al final sólo quedaban a los que les faltaba una pata, o el tiempo se les había comido el color y los barnices.


Oona seguía trabajando, y Emily seguía yendo a clases, pero ya no eran horas de descanso porque todo el mundo sabía que su abuela había muerto y que Emily tendría que mudarse, así que ahora le dejaban ganar en las carreras y Francis había perdido el interés en su pelo


Por las tardes, en casa se sentaba en una otomana apolillada a hacer los deberes mientras Oona seguía trabajando con las ventanas abiertas por las que en vez de salir los vapores, cada vez entraba más el calor.
- Sal fuera, no quiero que respires esto.
- Vale, sal conmigo a jugar.
La respuesta era siempre “no puedo”. Y Oona la daba con un movimiento de cabeza muy convincente.



(me he subido por las ramas y las paredes, luego sigo.)

jueves, mayo 15, 2008

hey?


hey? Cargado originalmente por Alexbip
Hoy con la cámara al cuello una señora se me ha acercado a preguntarme si era de Valencia. “Sí, un poquito”.

-Movimientos-


La novia del profesor de física tiene forma de cantimplora, lo cual no es muy halagador. Por si fuera poco se ata una riñonera justo por la zona de flotación, por dónde asoman los valles y montañas impuestos por la cintura extra ceñida del pantalón. Sonríe mucho, y mueve las caderas al caminar. Lo cual provoca una reacción igual y contraria en sus alrededores.

-Irreal-


La fotógrafa hace un picado, enfoca los bordes de las briznas de hierba con interés y luego levanta de golpe la cámara hacia el modelo. En él se adivina una tensión, quería mirarla a los ojos y se encuentra con la pupila de metal. Piensa que creerá que está posando.

lunes, mayo 12, 2008

A.I. servicio de anuncios de interés público

Boro, al final he hecho lo que me dijiste, pasar de la impuntualidad de la Fnac, y de la caradura toca-narices, toma-pelambreras de Garrido y me he comprado el libro de la investigación original en la que se basan los libros de Vicente. Me ha costado diez euros menos que el que te pedí, hace tres meses por una web inglesa. Espero que no se enteren tus jefes que desanimas a la clientela a gastar a troche y moche.


Pero oye, tenías razón. Gracias.